David Escalona, a cuerpo descubierto

 

Dice David Escalona que toda obra de arte es una metáfora bien engarzada con la que traicionar al lenguaje y hacer que lo íntimo trascienda lo universal. En su caso, esta metáfora toca el cuerpo ahí donde se abre a otros cuerpos, pues lo íntimo, como lo más interior, expresa al mismo tiempo también su contrario: unión con el Otro, unión “íntima”. Cuando decimos que los amantes se unen por las heridas no hablamos de otra cosa, y es que ahí donde se abre la herida cede el sentido de lo singular y aislado.

La mano del artista siempre está llamando; es, como esta aldaba -molde de oro de la mano de David-, catastrófica incluso debajo del lugar más seguro, fulgurante aun cuando no exista puerta que abrir. Toda la obra de David está hecha a base de esos toques, acontecimientos que señalan la grieta metafísica en la superficie de los cuerpos, que comunican con otras heridas-acontecimientos. “La misma obra es producida por el hilo del acontecimiento”, dice en alguna parte Deleuze, y David, que lo lee con atención, sabe de sobra que ese acontecimiento no es el simple accidente de una mano herida, sino que está en aquello que sucede el “puro expresado” que nos hace señas y nos espera.

Y a la espera estamos de ser dignos de lo que nos ocurre en este cuerpo abierto, donde no cabe ya apología del dolor sino denuncia del resentimiento. “Ni la mano más pequeña quiebra la puerta del agua”, escribió Lorca, pero si insiste sobre esta imposibilidad es porque trae tras de sí la herida-acontecimiento que nos precede, que compartimos y venimos a encarnar.

Obra: Aldaba (2016). Técnica mixta / materiales varios (molde de mano accidentada del artista en broce bañado en oro, premarcos de madera)

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