Eva Lootz, a cuerpo descubierto

 

En un texto titulado Limes, de 2005, Eva Lootz confiesa ser hija no sólo de tierras fronterizas sino de tierras de encrucijada, tierras de cruce. Ese espacio de en medio, donde confluye lo uno y lo otro, cuya mezcla es inherente al flujo de todo proceso creador. Un lugar del que podríamos hablar como el lugar del centro, el lugar del arte, o el lugar del cuerpo. Un cuerpo abierto en su interioridad, donde lo de dentro queda expuesto a lo de afuera; como una camisa desabotonada, o como un kimono cuyas flores bordadas se han abierto hasta rasgar la tela y fundirse en la piel que oculta, dejando al descubierto y haciendo visible su parte más íntima.

Vaginas que son heridas abiertas de todas las mujeres y del mundo, que muestran lo que no se puede mirar y lo que no se debe nombrar: esa razón matricial que cortocircuita y pone del revés la historia escrita con mayúscula. Una camisa confeccionada a base de estopa y brea, masa empleada antiguamente para cerrar junturas, cuyos broches lacrados no sellan y guardan ningún mensaje sino que abren de un tajo ese sobre carnoso que en su interior guarda la palabra enmudecida, al fin expresada.

Una obra producida hace más de veinte años, presentada por última vez en 2011 en una exposición titulada “A la izquierda del padre”, que vuelve a CRUCE, al lugar en cuyo origen la presencia de Eva Lootz fue imprescindible, para arropar al resto de cuerpos expuestos situándose en el centro, en el lugar que con más razón ocupa la madre, sin la que no existirían ni hijos ni padres.

Obra: Camisa de Invierno (1993), 200 x 200 x 1cm. Tela de calafatear, lacre, forex, anillas e hilo de cobre

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